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“HERENCIA”                RESEÑA POR: MTRO. LEANDRO SOTO

Exposición de arte contemporáneo en el Museo regional de antropología

Carlos Pellicer Cámara durante el Festival Cultural CEIBA 2019

 

La exposición personal “Herencia” de la artista tabasqueña Mónica Casanova, es una propuesta artística que encaja perfectamente en los nuevos espacios conceptuales abiertos por y para el arte, en el siglo XXI. Su formación artística a través de cursos, viajes e intercambios culturales puede ser vista en la muestra.

Una condición especial de la exposición es que está siendo presentada en un museo de antropología Maya, -uno de los mejores del país-, lo cual le crea un contexto cultural específico al contenido de las piezas, permitiendo que estas obras recientes de una artista contemporánea tabasqueña puedan ser interpretadas por los visitantes dentro del marco de las culturas locales y nacionales autóctonas. El diálogo entre ambos tiempos, estéticas y materiales es inevitable. De manera recíproca la exposición afecta al museo, convirtiéndolo a su vez en un ambiente activo, dinámico y al día, envolviendo el contenido de su colección en un debate temático y estético que a todos nos toca hoy. Este benévolo diálogo interactivo crea un puente donde la relación tiempo-pasado, tiempo-presente pasa a un segundo plano, dándole realce y presencia al lugar en donde estamos y en donde se propone el debate: la ciudad de Villahermosa en Tabasco, estado rico en sus culturas originales, populares, y del presente.

 

En cada pieza de la exposición como en las relaciones entre ellas, se están manifestando conversaciones visuales a través del uso de objetos, materiales reciclados, collages, luz eléctrica, pintura y fotografías, además de textos impresos y palabras escritas. Cada pieza tiene una propuesta que se reafirma con el conjunto creativo al que pertenece: “Herencia”, pero en caso de estar aisladas, o vistas de manera individual podría crean su propio entorno.

¿Cuál impacto podría tener una muestra como esta en una galería de La Habana, en Madrid o en Nueva York? ¿Sería capaz de transportar consigo el debate cultural tabasqueño, y también el de México como país, de manera visible a otros lugares del mundo? Puede que se extienda a motivar el debate visual entre países que tienen una sólida herencia cultural, con otras que no la tienen por comparación.

El tema general que sugiere la exposición es el de acercarse desde el día de hoy a las huellas visibles de las culturas precolombinas, de las que solemos llamar del pasado, pero que sus fuertes presencias se imponen en la vida cotidiana interactuando, entretejiéndose, completando un tejido de relaciones inesperadas que casi siempre pasan inadvertidas pero que no por eso dejan de estar activadas en el “ahora y aquí”. Quizás se trata de la visualización de un debate interior que llevamos todos dentro, al vivir en México o en cualquier país de Latinoamérica donde lo indígena está presente.

 

 

Las imágenes visuales se completan a veces con bordados, o con hilos de colores y tejidos, también con pequeños objetos, lo cual subordinan la supuesta decoración de un bordado cotidiano a la condición de ser el entramado que mantiene juntos el pasado con el presente, o lleva el presente a interactuar con el pasado de forma dialéctica. Es una analogía visual de lo que sucede en áreas sociales, de la historia del país, y especialmente en la condición femenina en él.

Las piezas tienen buena composición visual, complicada a veces para poder descifralar el mensaje, pues los elementos que la balancean entre sí tienen independencia y su contenido particular. Si un texto o imagen en otro idioma o de otra cultura está incorporado, desaparece como tal en el conjunto que remite a una estética Maya. Esta ambivalencia nos deja desconcertados entre si mirar al conjunto compositivo como a un todo, o a cada uno de los elementos que lo conforman en modo independiente. El tratar de descifrarlos es complejo, es un juego de la ambivalencia del mensaje, no de la forma lo que nos muestra la artista Mónica Casanova.

El percibir los dos de manera simultánea es sólo posible si miramos las obras desde un tercer punto de

Vista: como un discurso a decodificar que delante de nosotros nos enfrenta a formas a veces contradictorias de comunicación.

Aparecen varias preguntas en la mente: ¿por qué personajes vestidos con una blusa o con un pantalón moderno tienen una cabeza precolombina? ¿Por qué imágenes de culturas foráneas están siendo usadas o remodeladas para decir algo local y tabasqueño? ¿Por qué una figura plástica de producción en masa está pintada como un danzante precolombino? Es en el intento de encontrar las respuestas a estas preguntas donde el debate intelectual convierte a las obras en piezas conceptuales, no simplemente decorativas o ilustrativas. Para Mónica Casanova: “La sociedad humana avanza, se comunica diferente, cambia sus paradigmas; entonces, las expresiones artísticas, que son el referente más elevado del pensamiento y expresión humana, deben hacerlo a la par”.

 

Los materiales usados tienen su discurso comunicativo, especialmente en la confrontación de estos en sus texturas diversas.  Las obras por las dimensiones invitan a un acercamiento del observador, a una intimidad curiosa para ver detalles y poder leer los textos a veces diminutos. Bordados con hilos nos remiten a las ropas femeninas de antaño, a las delicadezas del hacer de la mano; los hilos a ver las posibles relaciones de las cosas como líneas de trazan un mapa. La estética es actual, el estilo es múltiple.

 

Leandro Soto

Artista visual y profesor de artes interdisciplinarias.

24 de octubre del 2019, Mérida, Yucatán.

"CONFINAMIENTO"
EL ARTE COMO GRITO,  RESEÑA POR: MTRO. MIGUEL ANGEL RUIZ

Exposición en el Centro Cultural Villahermosa, Noviembre 2016

Entre todas las artes, las visuales son las que aportan una mayor relación física con el espectador, una corporeidad que se concreta como un sentido de la realidad del mundo ante el influjo de la obra, que nos hiere con su materialidad desgarrante y su vínculo expresivo más allá del color y la forma que la contienen. Y el aserto adquiere total verosimilitud ante la exposición plástica “Confinamiento”, de Mónica Casanova.

 

La artista se aventura a abordar el tema esencial de nuestro tiempo: la anonimia y la alienación que deriva del modus vivendi construído por las sociedades globalizadas modernas. Masificación, hacinamiento, deshumanización, mecanicismo y pérdida de la libertad se entronizan en un frenesí inacabable que devora paulatinamente el entorno natural y conduce a la disolución del individuo en todos sus pliegues.

 

Con plena conciencia de este drama que nos escinde y depaupera día a día, la creadora construye vía el arte-objeto una narrativa plástica que subraya la violencia y el dramatismo que se afirma y maximiza ante la indefensión que propicia la normalidad de este teatro del absurdo en que se ha convertido la existencia. El desposeimiento de los valores esenciales que nos caracterizaron como seres humanos es cada vez más devastador. Y he ahí la riqueza de esta exposición plástica en la que el arte se traduce en grito, aspaviento, denuncia, advertencia, búsqueda del sentido.

 

Mónica Casanova, independientemente del singular estilo personal que las caracteriza como artistas, deja aflorar en “Confinamiento” su gran fuerza humanista y socializadora. Sus obras transmiten el desgarro de la naturaleza acotada por la falta de planeación urbana, del trabajo inhumano, del amor destrozado, de lo incierto. “Los hombres no viven como un hombre debería de vivir”, dijo Paul Nizan. Por eso el artista, conocedor de la verdad de la belleza y del espíritu, debe excavar en el cieno y en las sombras, en el miedo y los naufragios. Porque como dijo Juan García Ponce: “El artista es el acróbata que hace piruetas sobre el vacío y al final del viaje se encuentra siempre en tierra firme”

En las obras de Mónica, fondo y forma son interpretación de la desigualdad que lleva a la reflexión, arte con conciencia, diálogo que renueva el compromiso con la imaginación, libertad que trasciende el individualismo. Su significante es directo; es símbolo expresivo por sí mismo. El colorido en la obra de Mónica converge en la rebeldía que lo habita, que la alía ante la soledad a que orilla la sinrazón de este tiempo. Mónica plasma la contradicción de la realidad social y ambiental.

 

“Confinamiento” es, pues, el resultado del dominio de la técnica de las artes plásticas, del color y la textura. Es la expresión de una voluntad que se alimenta del alma ahíta de encontrar en el arte un camino a la esperanza, a los sueños. Y en ese andar, Mónica Casanova nos convoca a través de sus creaciones a adentrarnos en nuestro yo, a traspasar el espejo y las tinieblas que enmascaran la realidad y el sentido de la individualidad humana. Pero principalmente, nos convocan a mirar al otro, a despertar la solidaridad que fertiliza el corazón de toda mujer y de todo hombre. Si el arte logra esa encomienda, la decadencia se resquebraja y renace el espíritu del ser humano.

 

Miguel Ángel Ruiz Magdónel

"MATARILE"
LA RONDA DE CASANOVA,   RESEÑA POR: MTRO.CARLOS CORONEL SOLÍS

 

Exposición Plástica en el Instituto Juárez, dentro del marco del festival "K´elen-Bijí

Septiembre 2014

El cordón que más nos une a los otros está en la memoria encadenada a los restos de rastros que forman rostros –girones de tela en la tela - que enmarcan nuestro –no tan nuestro– recuerdo.

 

Esta es la aventura que propone Mónica Casanova:  encontrar su rostro o su máscara en lo que atesora de los otros, sus otros rostros o máscaras. Un guiño que la pintora hace a uno de sus artistas admirados: Rafael Coronel.

 

Su discurso se aleja por primera vez de las aguas cálidas del naíf, pues a diferencia de sus contemporáneos, nunca fue tentada por el paisajismo ni los bodegones, para incursionar en el collage y el puntillismo que le permiten explorar el juego de las identidades, encontrando tierra firme en “Enamoramiento visceral” y “Nosotros”, que simbolizan el valor del viaje.

 

Su nueva fe la tienta a ensayar un arte conceptual que pone en entredicho la modernidad: los celulares en “Prohibido”, las máquinas en “Su majestad el tiempo, el consumo en “Obsesión no. 3”, la producción inhumana en “Pobreza”. Casanova, ¡qué duda cabe!, ha comenzado a construirse una casa nueva levantada con técnicas mixtas que abarcan el bordado, el papel maché y la instalación, obras elaboradas recientemente que dilatan la frontera de lo que emocionalmente definimos arte.

 

 “¿Quiénes son yo?” y “¿Quién soy ellos?”, son los golpes intermitentes que giran alrededor de esta búsqueda que cuestiona la identidad colectiva manipulada por los medios de comunicación, logrando subrayar el clan íntimo sostenido por la abuela, el padre, la madre, el esposo, la hermana, en suma todo lo que de auténtico queda y se opone a los ídolos falsos del encordado (“……..”) o el pasto fácil del entretenimiento (“Las piernas del millón); o el dios del dinero que acaba esclavizando a sus hijos más devotos (“Soledad”) o la patria exprimida como tubo dental por la oligarquía sin patria de los hijos sin progenitora (“Agotado”).   

 

La exposición “Matarile” parte de esta necesidad de cuestionar la identidad propia y ajena. Como todo cuestionamiento, hay un componente de juego muy parecido a esos donde el papel central se rota con todos los que integran la ronda, y uno es el otro que se nombra. Aquí nombrar es pintar, traer con retazos el todo, materializar el cuerpo con el detalle, pintarse a través de los otros, bordear el arte para expandir sus límites y nuestras limitaciones.

 

El juego permite asumir distintos estilos e individualidades, trazar lo que también se sufre para exorcizarlo, capturar lo que es de otros para sumarlo a uno, como el citado juego que da título a esta muestra.

 

Ahora, como dice la letrilla infantil:  “Escoja usted, / matarile, rile, ron.”

“Universo de Oficios Reinventados.”           RESEÑA POR: MTRO. NÍGER MADRIGAL

La necesidad de expresión humana lleva al hombre primitivo a utilizar la pintura como una herramienta de comunicación con las primeras pinturas rupestres en las paredes de las cavernas que habitaba. Empleaba para ello sangre y otras sustancias, que en lo sucesivo serían reemplazadas paulatinamente por aceites y pigmentos minerales y vegetales. Este sentido de comunicación, esta necesidad de expresión ha prevalecido a través del tiempo: comunicarse para comprender y reinventar los lenguajes, expresarse para descifrar las ideas y los conceptos. Si como pintar entendemos que significa representar algo en una superficie mediante líneas, colores o trazos o mediante su combinación, generalmente con una finalidad estética, entonces nos liberamos de los prejuicios que nos llevan a pensar que para pintar debemos utilizar solo pigmentos y pasaríamos al uso de diversos materiales para representar una “pintura”, sin dejar de lado la línea y el color. El poeta y pintor chiapaneco Arbey Ribera, logra pigmentaciones a partir del uso de hilos y de fibras textiles que él mismo desmenuza -técnica poco común- para lograr combinaciones y degradados,  construyendo con este material obras de gran colorido sobre soportes de tela o tabla. La exploración y la experimentación son condimentos fundamentales para la creación de un lenguaje auténtico, de un atisbo hacia lo improbable o riesgoso y de una propuesta refrescante en el panorama de la plástica mexicana.

     En Tabasco, a diferencia de otros estados de la república –se ha dicho muchas veces– no existe una tradición plástica, sin embargo, sí han existido casos individuales y aislados, de proyectos no solo interesantes en su propuesta como lenguaje libre del obvio academicismo, sino en su facturación personalísima a partir de diversos materiales, utilizados sin prejuicios, pero con la responsabilidad de su uso correcto en beneficio de la preservación de la obra. Digo aislados, porque la mayoría de ellos tuvieron un proceso de formación y creativo fuera del estado, hablo por ejemplo de: Alejandro Romero, Leticia Ocharán, José Francisco, Marco Tulio Lamoyi, Perla Estrada, Miguel Pérez y Roberto Rosique, por mencionar algunos. De las generaciones posteriores que han permanecido en Tabasco, me sorprende en particular la aportación de dos mujeres, que desde mi muy particular apreciación, toman el riesgo al que todo creador honesto debe apostar: salirse de la trilla y muchas veces ir contracorriente, y me refiero a Rubí Segura y Mónica Casanova, de quienes conozco su obra.

     Mónica Casanova comienza su travesía plástica y visual utilizando técnicas convencionales como el óleo y el acrílico, incorporando después el collage textil, y el ensamblaje, es así como poco a poco va involucrándose en un proceso creativo que la encaminará a la fundación de un lenguaje personal fuera de lo común: búsqueda, experimentación, entereza y rigor son algunos de los elementos con los que irá confeccionando una obra cuya propuesta adquiere cada vez mayor relevancia. El planteamiento de su discurso visual tiene como sustento necesario el suceso inmediato de su entorno, es decir, Mónica observa minuciosamente lo que como acontecimiento permea el instante latente, lo revalora, lo recrea y lo convierte en lenguaje visual. Trae del pasado aquello que insertado en la historia de nuestra mexicanidad nos distingue y como en la rueca cíclica de los símbolos nos lo presenta revitalizado en color, texturas y trazos que trascienden la superficie de los soportes.

      Rufino Tamayo decía “Estoy en contra de toda forma de academia. La técnica es asunto personal. Cada artista debe descubrir su propia técnica.” Mónica Casanova, no solo hereda este concepto de Tamayo, inventando su propio andamiaje de técnicas y materiales utilizados de forma novedosa, sino también ese recate que significa ir a las raíces y hacerlas visibles en ese instante latente, en nuestro hoy vivo. Esto sin dejar de lado su compromiso de manifestarse ante la situación social que prevalece en el tiempo que le ha tocado vivir, como lo es la pandemia.

Quien ha visto la obra de Mónica Casanova, no sólo ha tenido la oportunidad de apreciar su varia iconografía, sus distintas temáticas, y, en una buena lectura, su atrevimiento de proponernos una forma distinta de la pintura conceptual, casada de algún modo –como ella lo expresa– con los antiguos oficios: el bordado, el tejido y la costura, revalorizados y elevados a obras de arte y, como Arbey Rivera escoge un ruta distinta a las que estamos acostumbrados, donde por supuesto habrá que hacer camino al andar.

 

      Si bien es cierto que existe en el lenguaje de Mónica Casanova una suerte de despreocupación en lo académico, que no distracción o descuido, puesto que se intuye en su trabajo una formación autodidacta –en mi opinión la más enriquecedora– prevalece el rigor de mantener un perfecto equilibrio formal, que muchas veces intenta romper con trazos ingenuos y que la nutren de un ludismo disfrutable. Mónica es una creadora que no sólo asume el riesgo de ir a contracorriente, sino que insiste en su terquedad de buen artista, hacernos navegar en su universo reinventado.

 

Níger Madrigal

Cárdenas, Tabasco, diciembre de 2020

Año de la pandemia,

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